Macroeconomia

La economía global en la era de los shocks de oferta: resiliencia, divergencia y reconstrucción

La dinámica del crecimiento económico mundial se está desplazando del lado de la demanda al lado de la oferta. Los conflictos geopolíticos, las barreras arancelarias y los shocks energéticos se entrelazan, obligando a los bancos centrales, las empresas y los inversores a recalibrar su comprensión del ciclo, la inflación y la asignación de capital. Este artículo se basa en la más reciente perspectiva económica mundial de EY-Parthenon para analizar la desaceleración del crecimiento, la divergencia regional y las oportunidades estructurales en un mundo de shocks de oferta.

Detrás de la desaceleración del crecimiento: los shocks de oferta sustituyen a la volatilidad de la demanda

La economía global ha mostrado resiliencia tras múltiples shocks, pero esa resiliencia está soportando una presión cada vez mayor. La edición más reciente de las perspectivas económicas globales de EY-Parthenon muestra que se espera que el crecimiento del PIB mundial pase del 3,4 % en 2025 al 2,9 % en 2026, lo que supone un recorte frente al 3,1 % previsto en diciembre de 2025, antes de recuperarse al 3,2 % en 2027.

La cifra en sí no representa una recesión, pero revela un fenómeno más digno de atención: la lógica operativa de la economía global está pasando de estar dominada por la volatilidad de la demanda a estarlo por la superposición de shocks de oferta. Los conflictos en Oriente Medio, las barreras arancelarias, las políticas industriales, las preocupaciones por la seguridad energética, las restricciones demográficas y la desigual difusión tecnológica están elevando conjuntamente los costes del crecimiento, reduciendo la eficiencia en la asignación de recursos y erosionando gradualmente la producción potencial a medio plazo.

Este tipo de shocks de oferta difiere de las contracciones tradicionales de demanda: no se manifiestan como caídas sincrónicas y agudas, sino que elevan los costes de manera más sutil, alteran las cadenas de suministro, comprimen los márgenes de beneficio empresarial y se transmiten lentamente al consumo y la inversión a través de los efectos renta.

El nuevo equilibrio bajo la fragmentación comercial

Aunque la ola arancelaria llegó a generar preocupación por un colapso del comercio mundial, la actividad comercial real ha mostrado una resiliencia mayor de lo esperado. Las exenciones parciales, la retirada parcial de aranceles, las estrategias empresariales de acumulación de inventarios por precaución y la reconfiguración de las cadenas de suministro han amortiguado los efectos directos de los shocks.

Sin embargo, las restricciones comerciales, los controles de exportación y las políticas industriales están reconfigurando los flujos de inversión, elevando los costes operativos y acelerando la regionalización de las cadenas de suministro, especialmente en los sectores de semiconductores, energía y minerales críticos. Esta regionalización no avanza de forma lineal, sino que oscila entre la seguridad nacional y la eficiencia del mercado.

La globalización no ha terminado, pero está siendo redefinida. Las cadenas de suministro globales, que antes se regían por el principio del coste óptimo, están dando paso a sistemas paralelos que priorizan la resiliencia, la seguridad y el control. Las empresas ya no se preguntan solo “dónde producir al menor coste”, sino “bajo qué marco institucional es más seguro producir”. Eso implica, en sí mismo, un descuento por eficiencia.

El retorno de las presiones inflacionistas y la fragmentación de la política de los bancos centrales

Otra consecuencia directa de los shocks de oferta es que las presiones inflacionarias vuelven a acumularse. La volatilidad de los precios de la energía, las interrupciones en el transporte de mercancías y la prima geopolítica, sumadas a la transmisión de los aranceles a los precios de consumo, hacen que los bancos centrales no se enfrenten a una única narrativa inflacionaria, sino a un tira y afloja entre fuerzas de “desinflación” y de “reinflación”.

Por tanto, la política monetaria ya no presenta el antiguo patrón de flexibilización o endurecimiento sincronizados. Las distintas economías adoptan sendas de política diferenciadas según sus propias fuentes de inflación, presiones cambiarias y brechas de crecimiento. La “dependencia de los datos” en las decisiones de los bancos centrales está siendo sustituida por una “dependencia de los shocks”: la función de reacción de la política se ha vuelto más sensible y también más difícil de predecir.

Esta fragmentación de las políticas implica que las condiciones financieras mundiales carecen de un ancla común. Los flujos de capital perseguirán de forma más visible los diferenciales de rendimiento real y la calidad de los activos refugio, la volatilidad del tipo de cambio aumentará y los mercados emergentes se enfrentarán a una mayor divergencia en las condiciones de financiación externa.

Divergencia regional: crecimiento concentrado y debilidad estructuralOtra característica de la desaceleración del crecimiento mundial es la notable "dualización" regional.

La economía estadounidense sigue siendo resiliente, pero su impulso de crecimiento se concentra cada vez más en unos pocos ámbitos: el consumo de los hogares de altos ingresos, el gasto de capital impulsado por la IA y el efecto riqueza derivado de los elevados precios de los activos. Esa concentración constituye en sí misma una vulnerabilidad: si las expectativas de inflación vuelven a repuntar, o si la compresión de la distribución del ingreso se extiende a un espectro más amplio de hogares, el dinamismo del crecimiento podría reducirse rápidamente.

La eurozona, por su parte, enfrenta una situación más compleja. El conflicto en Oriente Medio comprime el crecimiento del ingreso real, golpea la confianza de consumidores y empresas; la debilidad de la demanda externa se combina con los aranceles estadounidenses, la pérdida de competitividad industrial y las restricciones demográficas. La expansión fiscal alemana y el aumento del gasto europeo en defensa solo ofrecen una compensación parcial, mientras que la inversión relacionada con la IA es muy inferior a la de Estados Unidos. Esto implica que la eurozona podría seguir quedándose atrás en el crecimiento de la productividad a largo plazo.

La economía japonesa muestra una recuperación moderada. Los estímulos fiscales, la mejora de la demanda interna y las medidas de mitigación de los costos energéticos contribuyen a estabilizar la actividad a corto plazo, pero la debilidad de la demanda externa, la baja confianza empresarial y las restricciones demográficas estructurales siguen limitando el potencial de crecimiento.

Las economías de mercados emergentes presentan una heterogeneidad aún mayor. Los países dependientes de las importaciones de energía soportan mayores presiones inflacionarias y sobre sus cuentas externas, mientras que aquellos que poseen minerales clave o capacidad para acoger la relocalización manufacturera pueden obtener nuevos flujos de capital y beneficios de la reconfiguración de las cadenas industriales.

IA: fuerza de cobertura para el crecimiento y nuevo cuello de botella por el lado de la oferta

En un contexto dominado por perturbaciones de oferta, la inversión relacionada con la inteligencia artificial se ha convertido en una de las pocas fuerzas capaces de mejorar significativamente las expectativas de productividad. El crecimiento del gasto de capital en centros de datos, semiconductores e infraestructura energética no solo respalda directamente el PIB, sino que también puede elevar la tasa de crecimiento potencial a mediano plazo.

Pero la expansión de la IA también está generando nuevos cuellos de botella en la oferta. El aumento vertiginoso de la demanda de capacidad de cómputo dispara el consumo eléctrico, y el retraso en la inversión en infraestructura eléctrica puede provocar escasez regional de electricidad; la producción concentrada de chips de procesos avanzados hace más sensibles los riesgos geopolíticos; las restricciones relacionadas con el agua para refrigeración y las cadenas de suministro de metales críticos también están saliendo a la superficie.

En otras palabras, la IA es a la vez una herramienta para hacer frente a las perturbaciones de oferta y una fuente de la próxima ronda de restricciones de oferta. Los agentes económicos tendrán que realizar un equilibrio más fino entre oportunidades y cuellos de botella.

Revalorización de riesgos y oportunidades

La estructura de riesgos que enfrentará la economía mundial en los próximos dos años sigue siendo asimétrica.

Los riesgos a la baja provienen principalmente de una mayor escalada de los conflictos geopolíticos. Si las tensiones en Oriente Medio u otras regiones clave se amplían, los precios de la energía experimentarán incrementos súbitos más pronunciados, las condiciones financieras se endurecerán más rápidamente y el crecimiento mundial podría caer por debajo del rango de pronóstico actual. Si se produce una nueva ola de aranceles de represalia en el ámbito comercial, la confianza empresarial recibirá un segundo golpe.

Los riesgos al alza, en cambio, se esconden en avances inesperados en el sector de la productividad. Si la IA logra mejoras de eficiencia superiores a lo esperado en un espectro más amplio de servicios y manufactura, y si el entorno de políticas brinda el apoyo complementario necesario en materia de energía, educación y transformación de la fuerza laboral, el crecimiento mundial podría superar el escenario base del 3,2% en 2027.Para las empresas y los inversores, la clave está en dejar de ver el "rebote" como un retorno cíclico automático y, en cambio, asumir la "adaptación a los shocks de oferta" como una capacidad estratégica de largo plazo. Esto significa que el diseño de las cadenas de suministro debe considerar al mismo tiempo los costos, la seguridad y las restricciones de carbono; la asignación de capital debe integrar factores geopolíticos; las estrategias de precios deben reflejar con mayor flexibilidad las variaciones de los costos de los insumos y de los tipos de cambio; y los balances generales deben reservar un colchón para shocks de precios relativos más frecuentes.

La economía global está entrando en un nuevo paradigma de "shocks estratificados". En este paradigma, la resiliencia no es la capacidad de regresar a la normalidad, sino la capacidad de redefinir la normalidad en un estado de no equilibrio persistente.

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ecobserver sitúa esta nota en Analisis macroeconomico global sereno y basado en datos sobre inflacion, bancos centrales, comercio, region... (los Enlaces de fuente deben abrirse antes de reutilizar el resumen). fechas, nombres y cambios de estado aún requieren comprobación; Macroeconomia / Politica monetaria / Comercio y datos explica el ángulo editorial local.

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  1. https://www.ey.com/en_us/insights/strategy/global-economic-outlookPrimary

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