Macroeconomia

Cómo el conflicto de Oriente Medio está repricing el crecimiento global: inflación, tasas de interés y reestructuración del capital según la OCDE

La última evaluación de la OCDE señala que, si el conflicto en Oriente Medio continúa, el crecimiento, la inflación y los tipos de interés mundiales podrían entrar en un nuevo rango de presión. Este artículo parte del impacto energético, la reacción de los bancos centrales, la reestructuración del comercio y la divergencia regional para analizar por qué este conflicto geopolítico podría cambiar la forma en que funciona el ciclo económico global.

Cómo el conflicto en Oriente Medio está reprecificando el crecimiento global: inflación, tasas de interés y reconfiguración del capital según la OCDE

El último juicio de la OCDE ofrece una tesis macroeconómica global que no es desconocida, pero sí cada vez más difícil de eludir: cuando un conflicto geopolítico afecta directamente al suministro de energía, la economía mundial deja de experimentar solo una “oscilación pasajera” y puede entrar en una fase de repricing más prolongada. Su núcleo no es únicamente el alza del petróleo, sino la reordenación simultánea del crecimiento, la inflación, la política monetaria, las rutas comerciales y los flujos de capital.

En el escenario base, la OCDE prevé que el crecimiento mundial se desacelere del 3,4% en 2025 al 2,8% en 2026, para recuperarse al 3,1% en 2027. Estas cifras en sí mismas no implican recesión, pero revelan un hecho más importante: la economía mundial está pasando de la fase de recuperación posterior a la pandemia a una etapa más sensible a los choques externos, más dependiente de las políticas y más tolerante con las diferencias regionales. Mientras la guerra no se transforme en una destrucción prolongada de la oferta, la economía mundial aún puede mantener la expansión; pero si la perturbación energética se prolonga más allá del próximo año, el crecimiento global podría caer de forma marcada hasta el 2,1% y el 1,8%, acercándose a los rangos de bajo crecimiento que solo suelen aparecer en periodos de crisis graves.

No se trata de un simple retroceso cíclico, sino del regreso del riesgo de una nueva aceleración de la inflación por el lado de la oferta. La OCDE señala que, si el choque energético persiste, la inflación mundial podría aumentar 0,4 puntos porcentuales adicionales en 2026 y 1,3 puntos en 2027. Esto significa que, en los últimos dos años, lo que los bancos centrales han intentado contener no es una inflación desaparecida, sino una inflación temporalmente deprimida por la energía, la logística y las expectativas, pero que aún puede reavivarse por acontecimientos geopolíticos. Para los responsables de políticas, este tipo de inflación es más complicado, porque no puede reprimirse solo con tasas de interés como ocurre con un sobrecalentamiento de la demanda; por el contrario, si las tasas suben demasiado rápido, se amplificarían los riesgos a la baja en un entorno de crecimiento ya frágil.

Por ello, la OCDE prevé que, si los precios de la energía siguen aumentando durante un periodo prolongado, los principales bancos centrales del mundo podrían subir las tasas de interés entre 0,5 y 0,75 puntos porcentuales en el corto plazo. El significado de esta evaluación va mucho más allá de un ajuste técnico. Indica que la política monetaria mundial está entrando en una fase más asimétrica: cuando el choque proviene de la oferta y no de la demanda, los bancos centrales suelen enfrentarse a un dilema: si mantienen una postura relativamente expansiva, las expectativas de inflación pueden desanclarse; si endurecen más la política, empeoran las condiciones financieras, aumentan los costes de financiación de las empresas y se incrementa la presión sobre la sostenibilidad fiscal. En otras palabras, el ciclo de tipos de interés sigue presente, pero cada vez se parece menos al pasado, cuando giraba en torno a los datos de inflación o empleo de Estados Unidos, y más a un ajuste reactivo entre la cadena energética mundial y los riesgos geopolíticos.Desde la perspectiva de los flujos internacionales de capital, este tipo de choque suele reforzar la “preferencia por activos seguros” y la “reasignación regional”. Cuando el mercado prevé que el conflicto podría prolongarse, el capital suele dirigirse primero hacia las economías con mayor liquidez, mayores ingresos netos por energía y una financiación externa más sólida. La OCDE sugiere en su informe que Estados Unidos podría compensar en cierta medida el lastre derivado del deterioro del poder adquisitivo de los hogares gracias a la mejora de las exportaciones de energía; mientras que las economías asiáticas con alta dependencia energética de Oriente Medio son más propensas a soportar el doble impacto del aumento de la factura de importación y el deterioro de los términos de intercambio. Esto significa que el capital global no se contrae de forma uniforme, sino que se reestratifica entre distintas regiones.

Esta divergencia es especialmente evidente en la eurozona, Japón y algunas economías asiáticas. Se espera que el crecimiento de la eurozona se desacelere este año del 1,4% al 0,8%, y repunte al 1,2% el próximo año, apoyado por un mercado laboral relativamente sólido y un mayor gasto en defensa, y no por una fuerte recuperación de la demanda interna. El problema estructural de Europa sigue siendo la limitada competitividad manufacturera y el reducido margen fiscal: cuando la volatilidad de los precios de la energía coexiste con la consolidación fiscal, resulta difícil que el crecimiento cuente con un apoyo sostenido del sector privado. La situación del Reino Unido es similar: se prevé que el crecimiento se desacelere al 0,9% este año y no repunte al 1,1% hasta 2027, lo que indica que la estabilización del comercio mundial y la relajación de las condiciones financieras siguen siendo requisitos previos para su recuperación, y no un rebote natural de la demanda interna.

Asia, por su parte, presenta un panorama más complejo. Se prevé que el crecimiento de China se desacelere del 5,0% en 2025 al 4,5% en 2026 y al 4,3% en 2027. La OCDE señala en particular que unas reservas energéticas abundantes limitan relativamente su exposición a los shocks petroleros, pero la caída del sector inmobiliario sigue siendo un lastre. Aquí conviene destacar que la variable clave de la economía mundial está pasando de los “choques energéticos de tipo importado” a “choques energéticos combinados con la reparación de los balances”. Es decir, incluso si una economía puede soportar el alza externa de los precios del petróleo, si en su interior el mercado inmobiliario, las finanzas locales o la deuda empresarial aún no se han saneado por completo, el choque externo seguirá amplificándose a través del canal crediticio.

Japón, por su parte, podría convertirse en una de las economías más sensibles a la doble perturbación del comercio y la energía. La OCDE prevé que su crecimiento baje del 1,1% en 2025 al 0,6% en 2026, y que solo repunte al 0,8% en 2027. Más importante aún es que Japón necesita un plan fiscal de consolidación a medio plazo “claro y creíble”, porque, a medida que suben los tipos de interés, la vulnerabilidad de las finanzas públicas se irá haciendo más visible. Este es una señal importante del ciclo prolongado mundial: tras años de tipos ultrabajos, las economías con alta deuda están volviendo a una era de “normalización de tipos — reevaluación de las restricciones fiscales”. La guerra en sí quizá no altere de forma permanente el potencial de crecimiento de Japón, pero sí elevará el coste de financiación de la deuda y obligará al mercado a reevaluar la prima de riesgo de los activos soberanos.El comercio mundial también ha dejado de ser solo una cuestión de eficiencia y se está convirtiendo cada vez más en una cuestión de seguridad y resiliencia. La OCDE considera que el crecimiento del comercio mundial, tras su fortaleza en 2025, tenderá a desacelerarse, aunque la sólida demanda de bienes e inversiones relacionados con la IA, especialmente en Asia, seguirá aportando cierto apoyo. Este punto es sumamente característico de nuestra época: cuando los ciclos tradicionales del consumo y la manufactura se debilitan, la cadena de inversión vinculada a la IA se está convirtiendo en una de las pocas fuentes de gasto de capital con difusión realmente global. La demanda de semiconductores, centros de datos, equipos eléctricos y productos industriales relacionados está abriendo una nueva vía para el comercio. En otras palabras, el comercio mundial no ha vuelto a la antigua senda de liberalización, sino que está siendo reorganizado entre la seguridad geopolítica, la mejora tecnológica y las políticas industriales regionales.

Si la palabra clave de la última década fue “baja inflación, bajos tipos de interés, baja volatilidad”, el momento actual se acerca más a una etapa de “alto impacto, divergencia y repricing”. Los conflictos geopolíticos han devuelto el precio de la energía, las expectativas de inflación y la política monetaria a una misma línea principal, revelando un cambio profundo en la economía global: aumenta la incertidumbre del lado de la oferta, pero disminuye el amortiguador de las políticas. La expansión fiscal posterior a la pandemia ya ha consumido buena parte de la munición política, y los principales bancos centrales siguen tratando de encontrar un equilibrio entre frenar la inflación y sostener el crecimiento. En este entorno, los shocks externos ya no son solo acontecimientos temporales, sino más bien una prueba de estrés para medir la resiliencia de la economía mundial.

A más largo plazo, esto también significa que la asignación global de capital seguirá desplazándose en tres direcciones: primero, la seguridad energética primará sobre el menor costo; segundo, la resiliencia de las cadenas de suministro primará sobre la eficiencia extrema; y tercero, las economías con unas finanzas públicas y cuentas externas más sólidas obtendrán primas de riesgo más bajas. Para los mercados emergentes, este giro es especialmente importante. Aquellas economías que dependen de la importación de energía, tienen un alto nivel de deuda externa y un espacio limitado de política monetaria suelen ser las primeras en resentirse cuando sube el precio del petróleo y se endurecen las condiciones de financiación en dólares. Deben absorber inflación importada, prevenir la fuga de capitales y, al mismo tiempo, evitar que la depreciación cambiaria vuelva a empujar al alza la inflación.

Por ello, lo que realmente nos recuerda este diagnóstico de la OCDE no es si la situación en Oriente Medio provocará de inmediato una recesión global, sino si la economía mundial ya ha entrado en una fase más vulnerable a los shocks geopolíticos. La respuesta muy probablemente sea afirmativa. A medida que la energía, las finanzas públicas, el comercio y la política monetaria se entrelazan, el futuro ciclo global dependerá cada vez menos de una sola variable de demanda y cada vez más de la seguridad del suministro, el riesgo geopolítico y las restricciones de política económica. Para investigadores y responsables de la toma de decisiones, esto significa que hay que entender el crecimiento con un nuevo marco: no basta con preguntarse si la economía se desacelerará, sino que hay que preguntarse quién podrá seguir sosteniendo el crecimiento a menor costo en un mundo más fragmentado y quién se verá obligado a agotar antes su espacio de política ante los shocks.

Conclusión

La repercusión de la guerra en Oriente Medio sobre la economía mundial no se limita, ni mucho menos, a una subida de unos pocos puntos porcentuales en el precio del petróleo.La guerra de Oriente Medio no afecta a la economía mundial solo porque el precio del petróleo suba unos pocos puntos porcentuales. Está sacando a primer plano una cuestión más profunda: si el sistema de bajo coste, alta eficiencia y bajos inventarios construido en la era de la globalización sigue siendo suficiente para hacer frente a un mundo más inestable. La respuesta de la OCDE no es optimista, pero sí lo bastante clara: si el conflicto se prolonga, la economía mundial se enfrentará a una triple presión de menor crecimiento, mayor inflación y políticas más restrictivas, y eso es precisamente la señal de que el ciclo económico mundial está cambiando.

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ecobserver sitúa esta nota en Analisis macroeconomico global sereno y basado en datos sobre inflacion, bancos centrales, comercio, region... (los Enlaces de fuente deben abrirse antes de reutilizar el resumen). fechas, nombres y cambios de estado aún requieren comprobación; Macroeconomia / Politica monetaria / Comercio y datos explica el ángulo editorial local.

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  1. https://www.reuters.com/business/energy/oecd-says-protracted-war-could-drag-global-growth-push-up-inflation-2026-06-03/Primary

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